Destellos para creer en una nueva era

 

 

 

 

 

No necesariamente volvió ya una ilusión de hazañas que aún no olvidamos. Para nada. Pero al menos es tiempo de aceptar que ya hay una nueva cara; que los resultados, aquellos que mandan en China, Serbia, Alemania o Italia se están dando, y desde hace meses. Roberto Mancini va, de momento, por el camino correcto.

La ausencia de Italia en Rusia 2018 fue el trago más amargo de las tres décadas que acumulo siguiendo a diario a este equipo. Ninguno, ni la eliminación en la tanda de penales contra Argentina en 1990, cuando el destino era la Copa Mundial, se le compara. Se tocó fondo. Culpa de todos. Jugadores ralos, un entrenador inerte y directivos con miedo en todas las decisiones.

Levantarse de semejante vergüenza no solo era tarea titánica. Lo difícil, y hasta comprensible, fue encontrar a un valiente que tuviera la paciencia, capacidad y ambición de intentar darle a La Nazionale el lugar que merece por su historia. No así por su calidad actual.

Roberto Mancini tomó la brasa sabiendo que podía arder él mismo o comenzar a vestirse de una especie de héroe. A casi un año de asumir el incómodo puesto, ni se ha quemado en la hoguera ni se puede tampoco calificar como el salvador de los tetracampeones mundiales.

Eso sí, los resultados lo acompañan. Y son los que dictan sentencia pero más aún los que se necesitan en estos momentos. En cinco días Italia acumuló dos victorias en partidos oficiales rumbo a la Euro 2020 -torneo que cuando nos percatemos ya se estará jugando-.

Es cierto que de Finlandia ni se sabe cual es la capital (ya yo lo aprendí), y que Liechtenstein tiene menos habitantes que el cantón de Tibás, pero son dos triunfos. Necesarios. Vitales y con caras nuevas. Además, ya la Selección de Italia acumula seis partidos invictos. Ahora sí, citando rivales de peso como Polonia -triunfo- y Portugal -empate-.

Es muy prematuro asegurar que se recobra condición de favoritismo para una Eurocopa y jamás un Mundial. Pero también es igual de mezquino ignorar avances o algunas figuras que, con mucho peso en los hombros, comienzan a despuntar.

El gran reto inmediato es, a toda costa, que los resultados positivos se mantengan. A mi criterio, sin importar mucho la manera. Con catenaccio, atacando, uniendo ambos estilos o desempolvando jugadores, como el interminable Fabio Quagliarella. Sin victorias o empates clave no volverán tiempos de gloria. Ya lejanos, por cierto.

Hay otra tarea urgente que no es solo de Mancini. Ya es hora de dejar de recordar a Buffon, a Pirlo, a Maldini; de ver tantos documentales de Alessandro Del Piero o de irnos más atrás y comparar algunas jugadas actuales con las que Roberto Baggio se acreditó el Balón de Oro en 1993.

Se debe apoyar y dar seguimiento a Donnarumma -uno de los mejores porteros del mundo- y a otros que no son en lo más mínimo los más destacados del planeta en sus puestos pero que se asoman poco a poco con calidad.

No “se parece” a Balotelli. Es Moise Kean y solo tiene 19 años. Es Nicolo Zaniolo, juega con la Roma y no llega a los 20 años pero tampoco ha logrado nada como para compararlo con… Francesco Totti (Increíble que alguien se haya atrevido a hacerlo). Hay otro de apellido Barella y uno más por ahí que destaca cuyo nombre es Federico Chiesa.

¿Desconocidos? Efectivamente. Pero es lo que hay. Y lo positivo es que también llegan las primeras luces. Un nuevo mundial sin Italia sería inadmisible. Eso sí, no es solo es ir sino también recordar que desde Alemania 2006; hace 13 años, los resultados han sido… simplemente malos.

Esteban Aronne Sparisci

Esteban Aronne Sparisci

Periodista y fiel seguidor del Calcio italiano.
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